CARTA DE UN MAESTRO DEL SANSE

Yo llegaba a Sanse el 1 de septiembre de 1996, cerca de cumplir mis 30 años. Nunca había estado antes. Tampoco imaginaba entonces lo que iba a vivir allí ni lo importante que iba a ser para mí. Fue el renacer de mi profesión de maestro, recién estrenado mi destino como profesor de música. No podía saber entonces que iba a pasar allí casi la mitad de mi vida de maestro. Veintiún años en los que he sido feliz, los mejores de mi profesión, porque no iba sólo a trabajar, iba a convivir en una gran familia: el colegio San Sebastián. Puedo hacer muchas cosas, las he hecho, pero lo que soy es maestro.

 Recuerdo que cuando llegué comenzaba en el cole el primer curso de la ESO e inicié mi andadura como profesor de música y tutor de un curso de Secundaria. La Secundaria estuvo con nosotros aún algún año más, hasta el curso 2001-02. En el 2002-03 pasó a los Institutos, inaugurándose el nuevo Instituto que sería el Atenea.

Con treinta años, uno quiere comerse el mundo y hacer todo lo mejor que sabe y puede y desde mi rincón de música quería sobre todo aportar algo nuevo a los alumnos. No sólo enseñarles contenidos y destrezas, sino crear un espacio donde ellos pudieran sentir que era suyo, donde les fuera posible crear en equipo, expresarse, relacionarse, inventar historias… ser ellos mismos. Escribí en el frente de la clase un lema que ha permanecido siempre con nosotros: ”Sería terrible vivir sin música”. Por eso el aula de música ha sido siempre un taller de creación para ellos. Y esto no es un tópico, día a día he aprendido de ellos más que ellos de mí, porque lo que ellos hacían era más importante que todo lo que yo pudiera enseñarles. Juntos hemos formado un buen equipo, una familia, hemos aprendido muchas cosas que no se pueden aprender fuera. Siempre he creído que educar es enseñarles a ser, a sacar de ellos lo mejor que tienen dentro de sí mismos y me esforzaba por hacerlo a pesar de mis muchos fallos e inexperiencia.

En el curso 2003-04 celebramos también los 25 años del colegio. Fue un año muy bonito de recuerdos, de encuentros con antiguos alumnos y profesores, actividades, homenajes, fiesta… Recuerdo un curso intenso, lleno de trabajo, pero sobre todo de alegría, porque todo el profesorado y alumnos unidos colaboramos a ello y formamos una piña. Vosotros para mí habéis sido tan importantes, he disfrutado tanto con todos, alumnos, profes, padres y madres… que siempre digo que nuestro colegio es el mejor cole de Madrid, el mejor de España… Y no he viajado aún por todo el mundo, pero debe de ser el mejor del mundo. Porque hay trabajo, cariño, ilusión, alegría y allí conviven las mejores personas para seguir siendo las mejores personas. No me extrañaría nada que de nuestro cole saliera la futura presidenta de España, pero tampoco sería más importante que cualquiera de los demás. Todos iguales. Si pudiera pedir un deseo, pediría poder ver en una bola de cristal lo que hace ahora mismo cada uno de los alumnos y alumnas que han pasado por el cole y cuya imagen permanece ahí en las orlas y desearles a todos que sean felices en lo que son y en lo que hacen. Muchas veces han tenido el tiempo para venir a visitarnos al cole y eso nos llenaba de alegría y de orgullo. Siempre más guapos, más altos, con nuevas expectativas, siempre mejores.

Nos costaba mucho –y nos emocionábamos y llorábamos- despedirnos en esa fiesta de graduación tan emotiva, cuando llegaba el momento de terminar la Primaria. He escuchado en esos días las palabras más bonitas y más emocionantes de vuestros labios. Muchas gracias a todos, alumnos y alumnas de nuestro cole. OS QUEREMOS. Donde estéis. Ahí está vuestra imagen que os recordará. Alguno o alguna ya sois maestros/as y habéis hecho vuestras prácticas en el cole y puede que tengáis aquí vuestro destino.

No quiero olvidarme de tener un recuerdo para todos los maestros, maestras, equipos directivos que han pasado por estos años, y todas las personas que habéis trabajado en el cole, desde las personas que hacíais cada día la limpieza, los arreglos del cole, la organización del comedor… especialmente mi querida Pilar que nos hace esa comida tan rica y con tanto cariño. Y sobre todo para mis tres queridas Miren, Toñi y Rebeca, que siguen tirando hoy con un gran esfuerzo de este carro tan grande y nos dan ejemplo de trabajo y dedicación. Los profesores en el Sanse más que profes han sido compañeros, amigos. Y eso nos ha caracterizado siempre, en las aulas, en los claustros, en los proyectos, en TODO. Si algo es este cole es una gran familia. Dejadme que lo repita, ha sido y es mi familia.

Muchas gracias también por contar conmigo en lo poco que pueda ayudaros. Y cómo no, en nuestro maravilloso periódico. Espero participar este año con vosotros en la celebración del 40 aniversario. Me llena de orgullo haber vivido la mitad de ellos en él.

Hay una película titulada “Un lugar en el mundo”. El protagonista dice al final: ”Cuando uno encuentra su lugar en el mundo, ya no puede irse”. Eso me ha ocurrido a mí. El Sanse ha sido mi lugar en el mundo, donde me he reconocido a mí mismo, donde he sido feliz y donde he encontrado a la mejor gente que conozco, a los mejores compañeros, a los mejores amigos.  Por eso, aunque ya no estoy en activo, mi mente no quiere irse, os recordará siempre.

Y aprovecho también ahora para pedir perdón. Lo hacía siempre en las graduaciones al despedirnos y lo hago ahora. Por todas aquellas cosas en las que me equivoqué y tomé decisiones mal tomadas. Por las palabras mal dichas, por los momentos en los que no tuve la humildad de reconocer errores u ofensas. Olvidemos los malos momentos y recordemos siempre lo bueno.

Para terminar, os quiero dedicar unos versos, porque sabéis que me encanta la poesía y que durante años he disfrutado mucho en mis talleres de poesía con los alumnos y alumnas. Porque la poesía es lo que llevamos dentro y brota de nuestras raíces. Os animo a todos a leer mucho, a escribir… poemas, versos, un diario de vuestra vida, vuestros pensamientos. Os sorprenderá más tarde, cuando tengáis tiempo. No sé dónde leí que “los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra”.

                  “Que no hay gloria mayor

                   que la que ofrece el amor cuando se da

                   ni dolor más merecido que el que viene

                   cuando el dedo del adiós toca el timbre de tu casa”.       (Marwan)

                    

Por el camino nos seguimos viendo. Un abrazo enorme y agradecido a todo lo que recibí y recibo de vosotros.

Artículo realizado por nuestro querido  profesor Agapito Gil