RECUERDOS DEL ABUELO

Queridos niños y niñas: Soy el abuelito de Carla, vuestra compañera de clase. Ella me ha pedido que os cuente algunas historias o costumbres que había cuando yo era pequeño. Me ha encantado su idea y por eso voy a hacerle caso e intentar recordar mis experiencias de hace 70 años. Así, también vosotros comprobaréis que, antes,  no todas las cosas eran como las veis ahora. Por ejemplo: Empezábamos los estudios la semana en la que cumplíamos los seis años; de esta manera no había tanta diferencia entre los niños de un mismo curso. El edificio al que asistíamos se llamaba “Escuela”. Había dos aulas, una para niños y otra para niñas. A los primeros les daba clase un maestro y a las niñas, una maestra. Los colegios sólo estaban en las ciudades y a ellos podían ir los que deseaban hacer una carrera como maestro, médico, ingeniero, sacerdote, periodista, etc. En estos centros, sí les daban clase los profesores, a sus alumnos.

A los maestros y maestras de las Escuelas les interesaba mucho que sus alumnos y alumnas aprendieran a ser educados, estudiosos, obedientes y, en general, buenas personas.Algo que os puede llamar la atención es que nos sentábamos en pupitres de  dos o más personas. No había mesas individuales como ahora. Si hacía mucho frío nos juntábamos unos con otros porque no teníamos calefacción. A casa no llevábamos deberes. Todo lo hacíamos en la escuela vigilados y ayudados por los maestros. En un libro gordo, que se llama enciclopedia, estaban todas las asignaturas: Historia Sagrada o Religión, Lengua, Matemáticas, Sociales o Historia, Ciencias, etc.  Para hacer redacciones, cuentas, dibujos o cualquier ejercicio escrito en borrador, utilizábamos pizarras. ¿Sabéis lo que son? Tenían la forma de una table, pero estaban hechas de una roca muy lisa que se llama, pues eso, pizarra, como la que tienen algunos tejados que veréis de vez en cuando en algunas casas. La pizarra escolar está muy pulida y enmarcada con unos listones de madera para que no se rompan. Para escribir utilizábamos pizarrines, que eran como palitos hechos de la misma materia. Para borrar, si algo nos salía mal, echábamos el aliento sobre lo escrito y pasábamos una esponjita o un trapo para que desapareciera.

Cuando el maestro revisaba el trabajo y le parecía que estaba bien, nos mandaba pasarlo a limpio en un cuaderno personal. No existían los bolígrafos. Entonces usábamos plumas, que eran unos pequeños instrumentos terminados en punta introducidos en una especie de lápiz para poder agarrarlo. Se mojaban en una tinta (azul, negra o roja) que preparábamos nosotros mismos o el maestro, con agua  y una pastilla según  el color. Este líquido lo vertíamos en unos tinteros de forma cónica que se introducían en unos  agujeros situados especialmente sobre los pupitres. Había que tener mucho cuidado para no derramar la tinta en los cuadernos o sobre la ropa. Para secar lo escrito utilizábamos unos papeles o cartones absorbentes o secantes.

 

 

 

 

 

En el mes de Mayo, llevábamos flores del campo o de los jardines de casa, para hacer unos floreros que colocábamos en un altarcito preparado a la Virgen, a la que cantábamos y rezábamos. Por eso al mes de Mayo se le llama el mes de las flores.

Otra novedad para vosotros podrían ser los juegos con que nos divertíamos. Yo me acuerdo de algunos que hoy apenas se conocen:

         * La Billarda. Se jugaba con dos palos, uno largo, de unos 60 cm y otro pequeño, afilado en los extremos, de unos 20 cm. Con el grande se golpeaba al pequeño para hacerlo volar y según donde cayera se medían distancias, que se transformaban en puntos. Era un juego algo peligroso y requería un espacio muy amplio y libre de obstáculos.

         * La Reca (Nombre que recibía en gallego. Yo nací en Galicia). Este juego se parecía a lo que hoy es el hockey, salvo que en lugar de porterías hacíamos guas. Supongo que sabéis lo que son “guas”. Son hoyitos o agujeros que se preparan en la tierra, semejantes a los que se utilizan para jugar a las canicas.

* Canicas (Bolitas de cristal u otra materia). Con éstas hacíamos mucha variedad de juegos: al gua, al matute, al fútbol, a la línea, a los cinco guas, etc. En aquel tiempo no existían muchas bolas de cristal. Los que tenían suerte, conseguían unas que se utilizaban como tapones para cerrar las botellas de gaseosa. Los demás buscábamos el fruto de una clase de roble que tenía forma redondita, de color amarillo y estaban muy lisas y pulidas. Pesaban muy poco y, con viento no podíamos jugar porque nos las llevaba.

 * Las Peonzas. También teníamos mucha variedad de juegos con ellas. Algunos mostraban la habilidad de cogerlas en la mano sin que parasen de bailar.  Así las podían trasladar a otro campo y competir con otros compañeros.

 * Otros juegos con los que nos divertíamos mucho eran el escondite, el marro, los pasos, el un dos tres, los campos (con pelotita pequeña), las chapas, las provincias, la cadena, etc., etc.

Como os dije antes, no llevábamos deberes a casa pero, al salir de la Escuela, íbamos derechos a casa. Nuestros papás, tíos o abuelos nos daban la merienda, que consistía en un mendrugo de pan con chocolate, o con mantequilla y azúcar. A veces, con nueces o uvas, y otras, incluso, con miel casera o aceite y azúcar. Cuando terminábamos de merendar ayudábamos a la familia en las labores de casa: subir leña a la cocina, limpiar zapatos o habitaciones, buscar agua a la fuente pues no existía en las casas, dar de comer a los animales que teníamos (gallinas, conejos, vacas,…), y cualquier otra cosa que nos mandaran, por ejemplo ir a la tienda o dar algún recado a alguien.

Si terminábamos pronto estas labores, salíamos a jugar con los niños vecinos. Además de los juegos que os he citado, ahora también nos entreteníamos con disfraces o haciendo pequeñas obras de teatro que nosotros mismos inventábamos. La televisión no existía y por ello no nos comía el coco. De las noticias nos enterábamos por la radio o los periódicos. Yo me acuerdo mucho de oír cantar los números de la Lotería Nacional de la Navidad. Me llamaba la atención ver a los mayores como seguían el sorteo con toda la atención.

Al anochecer, nos recogíamos pronto porque tampoco había mucha luz pública, sólo alguna que otra bombilla en las esquinas de alguna casa o en los cruces de camino.

* Por último, os quiero contar algo sobre las fiestas que celebrábamos en el pueblo o en la familia. En el invierno, cerca de las Navidades, la familia se reunía para proceder a la matanza de los cerdos, que servirían de alimento para todo el año. Las labores de preparación, ejecución, elaboración y conservación duraban tres días. Los vecinos se ayudaban unos a otros y los niños también colaborábamos pero nos divertíamos mucho,  a la vez que aprendíamos con lo que hacían los mayores.

* Otras fiestas familiares semejantes eran la vendimia, la siega de la hierba, la recogida de las patatas y la leña, la maja del trigo, que consistía en desgranar las espigas y apilar la paja en pajares o grandes montones dispuestos para que el agua de la lluvia resbale y aquella no se pudra. En estos trabajos todos los vecinos colaboraban y se ayudaban por lo que resultaba divertido cualquier trabajo.

Pero la gran fiesta que con más ilusión yo esperaba era la patronal. En mi pueblo se celebra el San Ramón, el 31 de Agosto. Cuando yo era pequeño, las orquestas no iban a los pueblos pequeños como el mío. Las romerías se amenizaban con bandas de músicos. Solían ir entre 15 y 30. Lo curioso era que se hospedaban en las casas de los vecinos. Las mozas y los mozos se los repartían cuando llegaban a la plaza de la localidad. Los niños íbamos a esperarlos a un kilómetro del pueblo. Llegaban en un autobús que tenía una baca grande donde  se transportaban algunos de los instrumentos: el trombón, el bajo, el bombo. Las personas también podían subir a esa baca, pues tenía unas escalerillas. Cuando llegábamos al centro del pueblo la banda tocaba unas piezas musicales y comenzaba el reparto de los músicos. Era muy divertido. Después de cenar, empezaba la verbena que duraba hasta la una de la madrugada. El final se anunciaba con fuegos de colores.

A la mañana siguiente, temprano, se hacía la alborada. Consistía en que los músicos recorrían todos los barrios, tocando y en algunas casas se detenían para tomar dulces y bizcochos, que las familias les ofrecían. En torno al mediodía todos nos concentrábamos en la iglesia para asistir a la misa del patrón. La banda de música amenizaba la ceremonia, que acababa con la procesión, también con música. A continuación nos reuníamos en la plaza del pueblo y empezaba la sesión vermut, también con danzas y bailes. Por la tarde había una romería y por la noche otra verbena.  Estos actos se repetían al día siguiente y se terminaban las fiestas con una gran salva de bombas y cohetes.

Os podría contar muchas más anécdotas de entonces, pero me llamaríais pesadote. Espero que lo que os he narrado os haya gustado y, por lo menos, os hayáis dado cuenta de la gran diferencia que hay entre lo que yo he vivido de pequeño y lo que tenéis ahora vosotros: televisión, consolas, tables, ordenadores, todos los pueblos están suficientemente iluminados,...

Para terminar os propongo un juego, como los que hacíamos entonces para quitar el frío:

“Un niño coloca su mano derecha tapando el lateral derecho de su cara y el ojo, tratando de que no vea lo que se hace por detrás. La mano izquierda la coloca abierta, debajo de la axila derecha. Los demás niños y niñas se colocan detrás desordenadamente. Uno de ellos golpea la mano del que hace de “diana” sin darse a conocer. El golpeado tiene que descubrir quien le ha dado. Si acierta, se cambian de puesto”.

Un abrazo para todos y que los “profes” os cuenten muchas más historias parecidas a ésta para que aprendáis cosas del pasado, que siempre son historia.

                                                                                                                               José Luis Bertólez (abuelo de Carla, 3º A)